Cómo dejar de decir groserías

Te ofrecemos 10 consejos para que hables sin decir groserías, tacos, palabrotas, improperios... Estos son los siguientes:

  • 1. Reconoce que la toma de posesión hace daño.
  • 2. Empieza por eliminar el vocabulario informal.
  • 3. Piensa positivamente.
  • 4. Práctica ser paciente.
  • 5. Afronta, no maldigas.
  • 6. Deja de quejarte.
  • 7. Utiliza palabras alternativas.
  • 8. Habla con cortesía.
  • 9. Piensa en lo que deberías haber dicho.
  • 10. Trabajar en ello.
Cómo dejar de decir groserías

Tu lenguaje podría ofender a algunas personas, pero el tono y la actitud detrás de tus palabras hacen un daño mucho.

Incluso si tus amigos y asociados utilizan comúnmente malas palabras, se te percibirá como más maduro, inteligente, elocuente, educado, atento y agradable, si controlas tu lenguaje y las emociones que normalmente demoran en improperios. Puedes optar por tener carácter y clase o ser considerado grosero y maleducado.

Maldecir a veces puede ser humorístico, pero a veces puede ser abusivo. Puede ayudar a descargar tu ira o provocarla. Puede aliviar el estrés o causarlo. Puede ser inteligente y coqueta o sexista e intimidante. Por lo tanto, debes ser consciente de cuando y donde lo haces. Controlarlo y dominarlo requiere tiempo. O mejor aún, para estar del todo seguro, deja de hacerlo por completo.

1. Reconocer que la toma de posesión hace daño.

Probablemente maldecir puede ser fácil, divertido, sincero, enfático, expresivo, rompe las reglas y de alguna manera reduce parcialmente la ira y el dolor. Pero los aspectos negativos superan a los positivos. ¿De verdad un argumento gana cuando juras?. No demuestras que eres más inteligente o elocuente. No ganas respeto o admiración. No motivas, sino que intimidas. Maldecir no consigue contratos o te conecta románticamente con alguien.

2. Empieza por eliminar el vocabulario informal.

Imagina que tu dulce abuelita o que tu hijo está siempre a tu lado. Utiliza las inflexiones de énfasis en lugar de adjetivos ofensivos. Sé más descriptivo en lugar de utilizar la palabra "mierda" para describir todo, desde los objetos, el trabajo y el tiempo hasta la forma de sentir, la manera en que alguien se ve y la forma en que algo huele.

3. Piensa positivamente.

Mira hacia el lado positivo. Desarrolla una actitud de "puedo hacerlo". Preocúpate sólo hasta el punto que te motive a prepararte para el problema, a continuación, espera lo mejor. Una actitud mental positiva no sólo elimina un montón de malas palabras y expresiones, sino que te trae alegría y da brillo a tu personalidad.

4. Práctica ser paciente.

Cuando estás atascado ya sea porque se nos cuelga el ordenador o porque estamos en un atasco, pregúntate si ese parán va a influir drásticamente en tu día. Sé honesto, ¿realmente importa? Si es así y no tienes control de la situación, planifica el resto de tu día mentalmente o piensa en las cosas o temas que nunca tienes tiempo de pensar. Habla con alguien, incluso aunque no lo conozcas.

5. Afronta, no maldigas.

Vivimos en un mundo imperfecto, sin embargo, nuestras expectativas aumentan continuamente. Cada día se puede llenar con agravaciones, retrasos, decepciones y frustraciones. El hecho es que tenemos que tratar con todos estos imprevistos de todos modos. Así que deja de decir palabrotas y aprende a sobrellevar la situación. Considera la posibilidad de incluso retarte con el más pequeño disgusto y sentirte orgulloso de ti mismo cuando lo solucionas con alegría y de manera eficiente.

Cómo dejar de decir palabrotas

6. Deja de quejarte.

Antes de empezar a quejarte, recuérdate a ti mismo una realidad muy importante: nadie quiere oirte. ¿Por qué lo querrían hacer? Evita quejarte de asuntos sobre los que ni tú, ni las personas que están contigo en ese momento tenéis el control. Para todas las demás reclamaciones, trata de ofrecer una solución racional. Los demás podrán admirar tu sentido común, sabiduría y calma en el enfoque de problemas.

7. Utiliza palabras alternativas.

Tenemos un vocabulario muy rico y amplio. Tómate el tiempo necesario para desarrollar tu propia lista de alternativas a las palabras desagradables que ahora utilizas, confía en tu propia inteligencia, un diccionario de sinónimos, buenos libros e incluso algunos de los programas de televisión más inteligentes. Selecciona algunas palabras poderosas o incluso divertidas y adquiere el hábito de sustituirlas por las malas palabras. Por ejemplo, en lugar de "gilipollez", las opciones van desde mentira, absurdo, exagerado, tonterías, paparruchas, sandeces y disparates. Es posible que las alternativas no te aporten la misma satisfacción al principio, pero que a la larga, funcionan.

8. Habla con cortesía.

Algunas palabras de sustitución pueden ser tan ofensiva como los insultos si tu tono es abrasivo o si alguien se siente amenazado o insultado. Piensa en la respuesta a lo que estás a punto de decir y decide si es necesario volver a redactar tu declaración para ser más eficaz. Por ejemplo, si alguien sugiere que estás haciendo algo mal, tu respuesta puede variar desde "¿Quién cojones eres tú para opinar?" o "Paso de ti" a " Realmente no importa" o "Creo que mi camino es más rápido". La primera respuesta es defensiva, desafiante, agresiva y refleja una actitud terrible. La última respuesta es una justificación que la otra persona puede apreciar. Tómate el tiempo para que tus respuestas sean maduras y convincentes.

9 . Piensa en lo que deberías haber dicho.

Es fácil dejar escapar una mala palabra en un momento inapropiado o responder con un grito a una observación sin tacto o si no has tenido la oportunidad de considerar el impacto. Piensa en lo que podrías haber dicho. Después de gritar un improperio, simplemente piensa y di la palabra más adecuada que desearías haber dicho. Si dices algo y te das cuenta que ha sido negativo, que puede llevar a la confrontación o que has sido grosero, piensa en cómo deberías haberte expresado. Con el tiempo, estos ejercicios te enseñarán a pensar y actuar de manera diferente.

10. Trabaja en ello.

Romper el hábito de hablar utilizando muchas palabrotas puede no ser más fácil que perder de peso, dejar de fumar o la corrección de cualquier otro hábito. Se necesita práctica, el apoyo de los demás y un verdadero deseo de ser una mejor persona y no sólo mediante el control de tu idioma, sino también de las emociones que te empujan a maldecir. Aquí hay algunos ejercicios para entrenarte a ti mismo:

  • Piensa en un lenguaje limpio y cambia los pensamientos negativos por soluciones positivas.
  • Cuando sabes que te vas a ver envuelto o implicado en una situación que pondrá a prueba tu temple y tu lengua, planifica con antelación lo que vas a decir y cómo lo vas a decir.
  • Dile a tu familia o amigos lo que estás haciendo y así te obligarás a ser más cauteloso con ellos.
  • Determina cuándo y por qué dices más palabrotas y desarrolla tus propios trucos para cambiar tu comportamiento.